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La Alcarria (Cuenca) – Datos de Ruta

Como he comentado anteriormente en los diarios de esta ruta por la Alcarria: este es el primer viaje cicloturista que hice, por lo que todavía no disponía ni de los medios ni los conocimientos necesarios, simplemente me lancé. Esto se traduce a que no dispongo del trazado real que realicé, ni su perfil. Pero no os preocupéis, si que tengo algunos datos de interés, por si alguno queréis repetir esta ruta, eso si, esta vez con buenos mapas o GPS.

Fecha:

La ruta de dos días por la Alcarria fue realizada en Mayo del 2009. Aunque el Post y la información de la ruta está actualizada a Septiembre del 2012.

Descripción:

Ruta con bonitas vistas de la Alcarria, realizando el siguiente recorrido: Huete, Saceda del Rio, Valdemoro del Rey, Villalba del Rey, Cañaveruelas, para volver a  Villalba del Rey y luego a Huete.

  • Circular: Si. Empieza y acaba en Huete. Cuenca
  • Dificultad Física: Media. Debido a la cantidad de Kilómetros. No por otras razones
  • Dificultad Técnica: Cero patatero. Pistas anchas y cómodas fáciles de pedalear.

Recomendaciones generales de la ruta:

En esta ruta por la Alcarria es fácil perderse entre los laberintos de caminos que dan acceso a los cultivos. Especialmente en 2 puntos: Uno después de las ruinas de Carrascosilla hasta llegar a Salceda del Rio y el otro entre Valdemoro del Rey y Villalba del Rey. En estos dos puntos es necesario/muy recomendable llevar buenos mapas e incluso hablar con los locales de la zona para que te informen de los cambios y las mejores opciones para llegar al destino.

Dado que no hay muchos lugares donde comer, es necesario llevar bastante agua y comida. Las poblaciones donde podrás comer/beber/repostar sólo son, la población de inicio Huete y la de destino Villalba del Rey. Con las poblaciones intermedias no puedes contar.

Mapas y perfiles de la Alcarria:

Los mapas usados en esta ruta, son muy orientativos, básicamente sólo sirven para ver las poblaciones por las que tienes que pasar, metido en ruta no sirven para mucho.

Cómo llegar:

La llegada a Huete no tiene problemas. Con google maps o cualquier mapa de carretera llegarás sin dificultad. En mi caso, de Madrid a Huete hay 126 km. Más o menos una hora y media.

Dónde dormir:

  • Huete:
    • Hostal Duque:
        • Dirección: Ctra. Huete- Carrascosa, Km. 13. 16500 Huete (Cuenca).
        • Teléfono: 969 37 12 97
    • Hostal Chibuso:
        • Dirección: Ctra. Huete- Carrascosa, Km. 13. 16500 Huete (Cuenca).
        • Teléfono: 969 37 11 08
En mi viaje me encontré con estas 2 opciones que a día de hoy todavía existen. Yo me decidí por el hostal Chibuso ya que me dejaban meter la bici dentro de la habitación, mientras que en el Hotel Duque la tenía que dejar fuera en una especie de habitación compatida. Además era más barato y no recuerdo haber dormido mal allí.

 

  • Villalba del Rey:

Encontrar un lugar en Villaba está complicado. A día de hoy no he encontrado un lugar donde poder dormir en Villalba del Rey o alrededores cercanos, exceptuando casas rurales. Si alguien se aventura a realizar esta ruta debe tenerlo en cuenta.

Dónde comer:

Comer durante la ruta tampoco es cosa fácil, a no ser que sepas cazar o se te de bien comer insectos, será necesario llevar nuestra comida o llegar de Huete a Villalba del Rey directamente.

  • En Huete: Se puede comer sin problemas en los locales y restaurantes del pueblo. Yo desayuné en el mismo Hostal Chibuso donde me alojé
  • En Villalba del Rey: Sin duda alguna, en el Restaurante Castilla. Muy buena Carne y Vinos sin ser excesivamente caro. Además de contar con gente de 10.

Otra Información de interés:

La Alcarria (Cuenca) – Día 1

Después de una BH antigua, varias bicis que duraron nada y una orbea oxidada-reparada-pintada-oxidada, había llegado el momento de comprar una bici en condiciones. Después de mucho buscar, rebuscar, comparar y probar me decidí por mi actual rock rider 8.2.Estoy seguro de que las había mejores, pero para mi economía era la mejor y me sobraba para completar mi plan: recorrer la Alcarria en 2 días.

Así que después de la compra era necesario probarla, pero no una prueba normal de una rutilla por los alrededores. Para probarla iba a realizar mi primer viaje cicloturista de mi vida: Una Ruta de 2 días por la Alcarria en Cuenca.

Decidí esta ruta porque por aquel entonces, hablamos de mayo del 2009, me encontraba estudiando un postgrado en Madrid, por lo que sólo disponía de un fin de semana libre y la Alcarria se encontraba relativamente cerca. Por lo que busqué la ruta más cercana a Madrid de 2 días de duración en mi ex-preciada guía de El País Aguilar y allí que me lancé.

Al ser mi primer viaje largo, yo no sabía donde me metía, no llevaba GPS, ni mapas en condiciones, ni alforjas, ni bidones de agua suficientes. Sólo tenía 3 ingredientes: Una bici, una mapa chapucero de la guía 52 excursiones en bicicleta alrededor de Madrid (El País-Aguilar, 1995) y mucha ilusión. Ahora algunos años después veo claro que ese viaje nunca podría haber salido bien con tal preparación, por mucha ilusión que tuviera.

La Ruta consistía en recorrer los pueblecitos de la Alcarria saliendo de Huete, pasando por Carrascosilla, Saceda del Río, Valdemoro del Rey y hacer noche en Villalba del Rey, para al día siguiente visitar las ruinas de Ercávica y volver a Huete. Mi idea era salir en coche un viernes con destino Huete, hacer noche allí y empezar a pedalear el sábado tempranito con dirección a Villalba del Rey, realizando 33 km el primer día tomándomelo con calma, dormir en Villalba del Rey y al día siguiente visitar las ruinas y volver a Huete realizando 53 km más.

Tal como estaba previsto llegué a Huete un viernes por la tarde, y decidí visitar el pueblo descubriendo su típica plazita e iglesia, así como un mirador con un gran cristo desde el que se podía ver las formas propias de la Alcarria, formada por montañas erosionadas durante millones de años dejando ver líneas de sedimentos horizontales perfectamente visibles.

Todavía no había empezado a pedalear y ya estaba alucinando con el viaje. Sólo, con la bici en mitad de un pueblecito de Cuenca, y con muy buenas vistas… perfecto.

Hice noche en Huete en uno de los únicos bar-posada que había. Su nombre era Hostal Chibuso. No recuerdo que fuera caro ni malo, ni todo lo contrario. Al día siguiente el despertador sonó temprano, indicándome que la aventura comenzaba. Recogí mis pertenencias de la habitación, lo metí en una mochila y salí a pedalear…. a los 5 minutos ya estaba perdido¡¡. Según mi estupenda y única guía debía seguir un camino que daba a unos silos circunvalando el casco urbano…mentira, después de 14 años de la publicación de la guía, ya no existían esos silos. Fue cuando aprendí mi primera lección de cicloturista: No llevar mapas chapuceros con 14 años de antiguedad. 

Sin idea de como salir del pueblo, me metí en unos campos cultivados buscando vida humana a la que preguntar. Al poco tiempo encontré a un hombre majísimo que me contó las realidades del viaje: Carrascosilla, lugar donde yo pensaba repostar algo de agua y comer algo en un bar a media mañana, en realidad era un pueblo fantasma en ruinas abandonado hace años, donde por supuesto no existia ningún bar. Tendría que llegar a la siguiente población, Saceda del Rio, antes de la hora de comer. Segunda lección aprendida: asegurarse que existen lugares donde poder repostar o comer algo en tu viaje.

Una vez guiado por el hombre, puse rumbo a Carrascosilla. La ruta discurría por un carril ancho que daba acceso a los campos cultivados. Todo tenía un verde magnifico, las dificultades que me estaba encontrando por mi escasa (o nula) preparación, se veía recompensado por las buenas sensaciones de estar en medio de la nada rodeado de tanto verde.

El camino era cómodo, ancho y fácil de seguir, esta parte si que la disfruté, aunque algo dentro de mi me apremiaba a pedalear para no llegar muy tarde a Saceda. Allí debería comer.

Poco a poco se fueron presentando ante mi las ruinas de Carrascosilla. El hombre que me había indicado no se había equivocado, aquello llevaba muchos años en ruinas, ya casi no quedaban construcciones en pie y lo único que se podía distinguir era lo que hace mucho tiempo fue una iglesia, y por supuesto no había ningún bar. Entre piedras y trozos de paredes tirados, debajo de unos árboles, junto a un riachuelo me encontré a un viejecillo limpiando su 4×4 con un cubo de agua y un trapo. Después de llevar todo el viaje sólo me detuve a charlar con él y a obtener algo de información de por donde continuar hacia Salceda. Después de obtener las indicaciones, me regaló la historia de como Carrascosilla había pasado de pueblecito humano a un montón de piedras tiradas por el suelo. Por lo visto cuando la electricidad empezó a llegar a las poblaciones hace muchos años, los habitantes de Carrascosilla

fueron abandonando poco a poco sus casas para mudarse a otras poblaciones mayores donde existían más comodidades,  hasta que ocurrió lo inevitable, con el paso del tiempo Carrascosilla paso de pueblecito, a casas para guardar ganado, para convertirse finalmente en ruinas.

Estaba feliz, serían sobre las 12:00 del medio día, más o menos iba encontrando el camino y me estaba encontrando por el camino con buena gente que me contaban historias del lugar. Aunque ya a esa hora el sol, sin darme cuenta, estaba dando fuerte. Según el viejecillo todavía me faltaban una hora para llegar a Salceda, todo iba perfecto…. o eso parecía.

Una vez pasado Carrascosilla, era necesario subir las ruinas y adentrarme, en lo que en un principio parecía un simple carril ancho de paso de tractores, y más tarde se convirtió en un laberinto  de caminos que llegaban a diferentes cultivos. Mis mapas no decían nada de aquello, seguro que 14 años atrás aquello era muy diferente. Con decisión, me pongo a pedalear por el camino principal que pronto empieza a torcerse y salir de lo que me parecía la dirección correcta, vuelvo para atrás, cojo un carril con mejor pinta, me dejo llevar por la intuición y… llego a un cruce de caminos, mi mapa continua sin decirme nada, decido seguir recto y al poco tiempo el camino llega a un cultivo, vuelvo al cruce, giro a la derecha, continuo unos kilómetros, pero nada, por aquí no es, vuelvo al cruce, camino de la izquierda, continuo unos kilómetros, pero nada…. estaba totalmente perdido, decido volver al cruce anterior y volver atrás para ver si veo otro camino, y a lo lejos en un campo veo un tractor arando el terreno: vida humana ¡¡¡¡ dejo la bici a un lado y me meto en un campo de cultivo persiguiendo al tractor pidiendo ayuda. Yo creo que en ese momento el hombre del tractor lo fliparía viéndose correr hacía el a un tío por mitad del campo con un culot y un casco¡¡¡ El hombre paró el tractor y me indicó, por lo visto me había dejado un camino tras de mi. Debía volver al cruce y volver para atrás y pillar de nuevo otro camino.

Al final, lo que iba a ser una hora de pedaleo hasta Salceda fueron dos, con sed, hambre, y más kilómetros de la cuenta, entre directamente a Salceda buscando un bar para comer y rellenar la botella de agua….o al menos eso creía yo.

Nada más entrar en la calle principal, vi a varías mujeres charlando en la calle, me paré para preguntarles por algún bar. Bar? jajaja no hijo mio, no, aquí no hay bares, nunca ha habido bares, esto sólo tiene 20 casas ¡¡¡ Pero no te preocupes, me decía la mujer,  Valdemoro del Rey es más grande y allí tiene que haber algún bar. Miro el mapa: sólo 8 km. Y decido continuar hasta Valdemoro y comer allí, no sin antes pedirle a la mujer que me llenara el bidón de agua.

Bueno, si tengo que llegar a Valdemoro para comer, tendré que pedalear, vuelvo a mirar el mapa y leo 500m de fuerte subida con piedras sueltas. Mi mapa no es capaz de guiarme por los cruces pero si de darme malas noticias. Esta vez intentaría no perderme, no quería llegar a Valdemoro con todos los bares cerrados. Y por si fuera poco notaba que el Sol me estaba quemando la piel.

Los 500 metros de alta pendiente, fueron realmente alta pendiente, pero una vez subidos, el carril se volvió cómodo de pedalear y sin cruces. Regresarón los campos verdes y las vistas de las montañas típicas de la Alcarria, la verdad es que el paisaje era bonito, sino llega ser por las prisas por llegar a Valdemoro. Todo el día pedaleando, sin estar del todo acostumbrado (llevaba años sin coger la bici), me estaba pasando factura, estaba cansado y aunque la ruta marcaba que estaría por el km 15 de la ruta, en verdad había pedaleado mucho más por todo lo que me había perdido. Después de algunos kilómetros de pedaleo apareció Valdemoro. Este pueblo si que era más grande, debería tener algún bar, pensé.

Me adentré en el pueblo buscando la plaza central, allí debería haber alguno. Pedaleé  callejeando, hasta que me crucé con una mujer que me dijo lo que yo no quería escuchar: Lo siento, aquí en Valdemoro no hay bar, sólo tenemos una asociación, donde nos juntamos de vez en cuando. La mujer se apiadó de mi y me dijo: ven conmigo, vamos a ver si podemos hacer algo. Y efectivamente se pudo hacer algo, siempre se puede hacer algo. En la asociación había varias personas bebiendo cervezas (aunque no servían comidas). Pedí algo de beber y la mujer me trajo de su casa un bocadillo de jamón, que por cierto aún recuerdo que estaba buenísimo. Por fín estaba comiendo.

En un pueblo de unos 100 habitantes, que llegue cualquier desconocido era noticia y más si llega en bici, así que al poco tiempo me encontraba charlando amigablemente con las personas de pueblo. Especialmente con dos hombres de la zona. No recuerdo sus nombres, pero si su hospitalidad y que eran buena gente. Por lo visto habían trabajado en Madrid y al poco de sentarme con ellos ya me estaban contando sus historias de cuando eran jóvenes. Me explicaron con detalle como llegar a Villalba del Rey y me advirtieron que en los carriles que llevaban hasta allí era muy fácil perderse, les conté mis penurias en los cruces de los campos cultivados y me dieron la razón en que esos caminos son laberínticos. Estuvimos charlando de mi viaje y de lo que tenía pensado visitar y charlando charlando le conté que tenía pensado pasar la noche en Villalba. De repente los dos se miraron y me dicen: En Villalba no hay donde dormir. Mi cara: :-O. ¿Cómo no va a ver

donde dormir? Mira lo que dice mi guía. Casa Julio González, incluso viene un número de teléfono de reserva??!!. No no no, respondieron ellos, conocemos bien villalba y allí no hay donde dormir. Eso no entraba en mis planes, aunque era cierto que había intentado llamar desde Madrid para confirmar la reserva y no me habían cogido el teléfono. Ellos me contaron que hacía años que allí no había una posada. Por lo visto por allí no pasaba mucha gente y el tal Julio cambió la posada por un restaurante…..Horror…. estaba en mitad de la nada sin sitio donde dormir.

Y de nuevo me volvieron a ayudar. No te preocupes, me dijo uno de ellos, conozco a Julio, solemos pasear a caballo y somos amigos. Cuando llegues a Villalba, llégate a su restaurante (Restaurante Castilla) y dile que vas de mi parte. El sabrá como ayudarte. Fue lo que me dijo, y con esas palabras y el número de Julio apuntado en una servilleta partí para Villalba.

Nada más salir de Valdemoro, las indicaciones de mi mapa y las de mis acompañantes de comida eran contrarias, y visto de lo que me había servido hasta ahora, decidí pasar del mapa y hacerle caso a mis salvadores. Al poco tiempo de cruzar varios cruces ya estaba perdido otra vez. Como buen informático, recurrí a lenta pero eficaz estrategia del ataque por fuerza bruta, es decir, recorrería todos los caminos de los cruces hasta dar con el bueno. Así que empecé volviendo al primer cruce, y me desvié para la derecha, llegué hasta el final, regrese al principio, me desvié para la izquierda, llegué al final, regresé al cruce, continué recto, así durante bastante tiempo revisando todas las opciones de los cruces…una locura.

No se cuanto tiempo me tiré dando vueltas en los cruces esos, pero esta vez no apareció nadie. Estaba cansado, cada vez el sol me estaba quemando más y me estaba poniendo de mal humor.No conseguía avanzar. Hasta la propia guía del mapa te informa de que estos caminos son un laberinto. Y yo estaba perdido en ellos. Llego un momento en que tenía la parte superior de las manos quemadas por el sol. Aquí fue donde aprendí mi tercera lección del cicloturista: Siempre, siempre llevar guantes y crema solar. Lo que iba a

ser una rutilla de 33 kilómetros iba por unos 52 y todavía no había llegado. Y lo peor es que al día siguiente me esperaba la segunda parte, de vuelta a Huete, de 53km con los mismos mapas. No llegaría nunca.

Entre maldiciones en voz baja y reclamos al cielo llegué a una pista ancha, en la que había carteles de información. Sin darme cuenta había llegado a la llamada Ruta del Cristal de Hispania, donde aparte de contarte la historia de la ruta había un pequeño mapa con las poblaciones más cercanas, entre ellas Villalba del Rey, de nuevo, estaba orientado y con ganas de pedalear para llegar al final del día.

Reviso mi mapa, y no dice nada de la ruta del cristal. Paso del mapa y me fio del cartel de la ruta. Al poco tiempo estaba bajando a tope por los carriles correctos, ya que a lo lejos aparecía, primero como un punto, luego como algo más grande, Villalba del Rey.

Nada más llegar descansé en la plazoleta del pueblo bajo la sombra de un árbol. Finalmente la ruta de 33km se había convertido en una de 62km y todavía quedaba el segundo día. Había casi duplicado la ruta mientras estaba perdido por los cruces del camino. Tras descansar, fui en búsqueda del Restaurante Castilla y de su dueño Julio. Villalba no es muy grande, así que no me costó trabajo encontrarlo.

Entré en el restaurante, pedí un refresco, puse mi mejor cara de pena y me dispuse a hablar con Julio, tenía que dormir en Villalba como fuera, no tenía fuerzas para hacer otros 53km para volver a Huete. Me atendió un chaval, me tome un refresco y pregunté por Julio… no estaba. Había salido y volvería tarde. Ya me veía durmiendo en la calle. Le conté mi día y mi encuentro con los hombres de Valdemoro al camarero y de nuevo salió a relucir la amabilidad de la gente de la zona, al cabo de un rato me dijo que esperara que le había contado la historia a Julio y que venía de camino. Cómo a la media hora llegó Julio y me comentó la situación: La posada murió hace tiempo y ahora era restaurante, no había camas, ni lugar donde dormir en su restaurante, ni en el pueblo, ni en pueblos cecanos, lo más cerca que había para dormir era en Huete ¡¡¡ de donde había salido ¡¡¡ Finalmente Julio se apiadó de mi y dijo: Lo máximo que puedo hacer por ti es montarte la bici en el coche y llevarte de nuevo a Huete, sin pensármelo dos veces acepte. La única condición era que tenía que esperar a que cerrara el restaurante ya que tenía que trabajar. Sin problemas, respondí.

Y así es como acabé en la furgoneta de un hombre desconocido, en un pueblillo perdido en mitad de Cuenca con mi bici en la parte de atrás, en dirección a donde había comenzado la aventura.

Durante el viaje en su furgoneta estuvimos hablando de las ruinas de Ercávica que tenía pensado visitar en mi segundo día. Por lo visto eran dignas de ver. Cuando llegamos a Huete le di mil gracias a Julio y le prometí que algún día haría propaganda de su restaurante y que iría a comerme un gran filetón.

Llegué a Huete de Noche,cansado fui a la posada del día anterior, gracias a Dios tenían habitaciones libres y dormí por segunda vez en la misma cama.

Continúa en Día 2